21 Jun, 2018

Autores de Poesias

Rafael de León y Arias de Saavedra

fotoRafael de León y Arias de Saavedra, nació un jueves 6 de febrero del bisiesto 1908 en Sevilla, la actual capital de la región de Andalucía (España), en la misma calle en donde casi 34 años antes nació el conocido poeta Manuel Machado. Era el primogénito de la pareja formada por José de León y Manjón y de María Justa Arias de Saavedra y Pérez de Vargas, condes de Gómara. A los pocos días de su nacimiento fue bautizado en la iglesia de la Magdalena, y le fueron impuestos los nombres de Rafael María, José, Jerónimo, Doroteo, Alberto, Melchor. Entre los vástagos de familias de la nobleza y la alta burguesía, era muy corriente atiborrarles de una larga retahíla de nombres que llegaba hasta lo ridículo.
El año 1916 ingresa Rafael de León en el internado del colegio jesuita "San Luis Gonzaga" del Puerto de Santa María (Cádiz), pueblo natal del conocido poeta Rafael Alberti, con el que, por ser casi coetáneos coinciden en dicho colegio: Años antes, había pasado por allí el alumno Juan Ramón Jiménez, otro insigne poeta andaluz.
Años más tarde, estudiaría en otros colegios privados de órdenes religiosas en las localidades andaluzas del Palo de Málaga y de Utrera (Sevilla). En el año 1926 inicia en la universidad de Granada, los estudios de la carrera de Derecho. Allí llegó a conocer a otro insigne poeta: Federico García Lorca, con quien entabla una buena amistad.
Tiene Rafael, -a decir de algunos de sus estudiosos-, una impregnación del estilo poético de García Lorca que se rezuma a través de toda su obra.
En el año 1931 con la caída de la monarquía, se instala en 
España la II República, y el joven Rafael no parece que la 
recibe con hostilidad, a pesar de su procedencia de linajes 
propicios a la monarquia. Lo que sí quedó claro y se trasluce 
a través de su obra poética, la distancia crítica con la que 
observa al mundillo de la nobleza. Se cuenta de él -aunque 
no está bien confirmado- que llegó a escribir un himno a la 
República.
No se conoció que Rafael ejerciera trabajo alguno relacionado 
con sus estudios universitarios, pues se dedicó a vivir de las 
holgadas rentas paternas, gastando sus dineros en asistir a 
los cafés cantantes y teatros de variedades de Sevilla. En 
estos ambientes se sentía Rafael "como pez en el agua" y allí 
fue haciendo amistades, participando del ambiente liberal y
permisivo que concedía el nuevo régimen republicano. En esos 
ambientes fue donde conoció y colaboró con el letrista Antonio 
García Padilla, alias "Kola", -padre de la conocidísima actriz 
y cantante Carmen Sevilla-, y de aquella relación surgieron 
algunas canciones conocidas.
Como letrista, "Kola" no llegaba 
ni con mucho a la depurada calidad de Rafael; pero éste, aceptó 
de buen grado el ser colaboradores en la firma de canciones, ya 
que de esa manera se le facilitaba la entrada, por la puerta 
grande, en ese mundillo hostil para un aristócrata, de la creación 
artística en los cabarets y salas de moda. Situación muy paralela 
a la que años más tarde repetiría con el autor teatral Antonio 
Quintero; y con los letristas Xandro Valerio y Ochaíta; los 
cuales co-firmaron muchas letras de canciones y algunas poesías 
con Rafael de León. No es el mismo caso de otro que firmó canciones 
con él; ya que se trata de Salvador Valverde, un poeta de calidad 
nacido en Buenos Aires en el 1895 y muerto en esa misma capital 
en el 1975.
Por aquella época, estando cumpliendo el servicio militar en un 
regimiento de Sevilla, conoció a Conchita Piquer cuando actuaba en 
el Teatro Lope de Vega. Esta conocida canzonetista de la canción 
andaluza/española, puso voz a muchas de sus mejores creaciones de 
letras para la canción. 
Al año siguiente, 1932, Rafael se traslada a Madrid bajo la 
influencia del gran músico sevillano Manuel Quiroga, que junto 
con el autor teatral Antonio Quintero, llegaría a formar el 
prolífico trío "Quintero, León y Quiroga" con el que tienen 
registradas más de cinco mil canciones. Al producirse la guerra 
civil española, Rafael de León se encontraba en Barcelona; allí 
es encarcelado, como tantos otros del mundo de la farándula, 
toreros, cantantes, etc. acusado de monárquico o derechista. 
Y allí en la cárcel, quizás para hacer valer su condición de 
neutral o tal vez de simpatizante de la causa republicana; 
quizás por estricto sentido de la verdad, declara tener una 
buena amistad con destacados poetas republicanos como León 
Felipe; Federico García Lorca y Antonio Machado. Llegan luego 
los años de posguerra en los que Rafael continúa contactando 
con el universo de las varietés, que alimentados por los 
típicos aires de aquella dictadura, de nacionalismo a ultranza 
y bloqueo internacional, se prestan a la creación de un género
muy influenciado del tipismo andaluz y que dio en llamarse 
"folklore español". El régimen dictatorial acogió de mil 
amores este género que ensalzaba con arte y exageración todo 
lo español. Es de aquella época triste y gris para la mayoría
de los españoles, cuando nuestro poeta-letrista empieza a 
colaborar con los guiones de una cinematografía ramplona e 
impregnada también de un excesivo realzamiento del españolismo 
que tanto gustaba a la España oficial. Es de aquella época 
también, que bajo la influencia del concepto "hispanidad" se 
abrieron las fronteras españolas a las músicas que venían de 
los países hermanos de América. Y así llegaron los boleros y 
los tangos, muy bien acompañados de los valses peruanos, los 
sones cubanos y las rancheras y corridos mexicanos, que 
engancharon con facilidad en los gustos musicales españoles 
por tratarse de una cultura común. Así se vivió hasta que, 
por culpa del aperturismo empezaron a verse invadidas las 
emisoras de radio de unos ritmos extranjeros que nos llegaban
desde Estados Unidos, país que acababa de descubrir la dictadura 
y la abrazaba sin muchos ascos gracias al incalculable regalo 
que le hacía el régimen franquista para que se adueñaran de un 
puñado de territorios estratégicos donde asentar sus bases 
militares. A partir de la década de los sesenta, cae la barrera
del aislamiento cultural y muchos jóvenes antifranquistas junto 
a la progresía izquierdista, en actitud militante comienzan a 
despreciar ostensiblemente casi toda la música española e 
hispanoamericana y con ella el conocido estilo de la copla 
y de la canción andaluza que tan bien había representado el 
sello "Quintero, León & Quiroga". A partir de esa época, 
vienen unos años bajos para la obra de canciones y poesías 
de nuestro gran poeta Rafael de León, el cual un jueves 
madrileño frío y gris (9-12-82), muere nuestro insigne poeta 
en el más cruel olvido sin ni siquiera haberse llevado en 
vida la satisfacción de un merecido homenaje de cariño y
agradecimiento a toda su importante y prolífica obra poética.
* * *
Rafael de León pertenece por derecho propio a la denominada 
"Generación del 27" de los poetas españoles, aunque un 
incomprensible olvido ha hecho que nunca figure en esa nómina. 
De ningún poeta español de este siglo que acaba, han sido tan 
recitadas sus poesías y tan cantadas las letras de sus canciones, 
pero incomprensiblemente sigue siendo el gran ausente al hacer 
recuentos dentro del ámbito de la cultura popular española de 
posguerra. La obra poética de Rafael de León, queda dividida 
en esos dos grandes apartados: poesías propiamente dichas, y 
letras para canciones. En muchos casos unas y otras tienen 
un inconfundible parentesco por derivar, alimentarse o 
inspirarse las unas de las otras, o viceversa. En casi toda 
su obra, inspirada en ambientes muy típicos de Andalucía, 
queda reflejado el gracejo popular andaluz, indicado por las 
palabras en cursiva, para mejor entender que no pertenecen 
al correcto lenguaje español. Su primer libro de poesías 
«Pena y alegría del amor» aparece publicado en 1941. Un 
segundo libro titulado «Jardín de papel» aparece el año 1943. 
Del mismo año se relata que aparece editado en Chile un tercer 
libro titulado «Amor de cuando en cuando», pero al no tener 
certeza en España de su autenticidad, hay quien sospecha que 
se trata de una de tantas ediciones piratas que ha sufrido 
la obra de Rafael de León. De las colaboraciones del poeta 
a la hora de firmar su obras hemos de reseñar lo siguiente:
En colaboración con Antonio Quintero, las poesías «Profecía»; 
"Romance de la serrana loca" y miles de letras de canciones que
haría inacabable esta biografía. En colaboración con Antonio 
García Padilla "Kola", las letras de las canciones: "Coplas"; 
"Arturo"; "Cinelandia"; "Cine sonoro"; "La Rajadesa";
"La deseada"; "Manolo Reyes"; "Siempre Sevilla"; ...
En colaboración con el argentino Salvador Valverde, el 
conocidísimo cuplé "Bajo los puentes del Sena" escrito para 
ser estrenado por la cupletista Raquel Meyer; y las también 
conocidísimas "¡Ay, Maricruz!"; "María de la O"; "Triniá"; 
y la inolvidable "Ojos Verdes"; entre otras.  En colaboración
con Ochaíta, la letra de la conocida canción: "Eugenia de
Montijo"; y algunas pocas más.  En colaboración con el poeta 
Xandro Valerio, las letras de las más conocidas canciones: 
"Tatuaje" y "La Parrala".

Hacia el final de su dilatada carrera de letrista, escribió 
para los cantantes Nino Bravo, Raphael y Rocío Dúrcal; y una 
de sus letras ganó el primer premio del Festival de la Canción 
de Benidorm, el año 1965 bajo el título de "La luna de Benidorm".
Casi todas sus letras fueron musicadas por el prolífico compositor 
Manuel Quiroga, pero otras letras fueron musicadas por Juan Solano;
Augusto Algueró y Manuel Alejandro.
El estilo de estrofa poética más abundantemente empleado es el 
del romance octosílabo; pero en algunas otras se pueden encontrar 
estrofas de seguidilla, soleá, copla, romancillo, redondilla, y
más raramente el soneto y la lira. Aunque tiene algunas poesías 
con versos alejandrinos y rima blanca (sin rima), su obra es en 
general una rima de alta sonoridad ya que incluso en muchos de 
sus romances introduce la rima consonante. Del conjunto de la 
obra de Rafael de León, en esta página va la parte menos conocida 
pero de igual o mayor valía que las letras de canciones, en cuanto
a la calidad, no así, claro está, en cuanto a la cantidad, que 
le ganan por varios miles las canciones a las poesías. Junto a 
algunas de sus poesías más recitadas y conocidas por todos,
hemos rescatado de algún cajón olvidado y tal vez cubiertas 
de polvo, otras poesías de parecida belleza que 
incomplensiblemente no han tenido tanto eco.

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